no está satisfecha

Paz, Colombia

Publicado: 2016-09-30

La verdad, escuchar a “Timochenko” (Rodrigo Londoño, temido líder de las Fuerzas Armas Revolucionarias de Colombia, FARC) hablando de ‘amor al bondadoso pueblo colombiano’ y respeto a los desvalidos en la Plaza de Banderas de Cartagena de Indias me resultaba cual Freddy Krueger recitando villancicos. Emotivo como irónico. Pero es lo que menos importa cuando se trata de un acontecimiento mundial y que encierra tanto. Cuando detrás están 52 años de estúpidos genocidios, 8 millones de víctimas, 267 mil muertes, 45 mil desaparecidos y sangre derramada de ida y de vuelta en un país hermano que urge reconciliarse. 

Así que, aunque las dudas o temores asalten a muchos porque la herida todavía sangra, porque algunas decisiones tomadas tras cuatro años de diálogo en La Habana son difíciles de digerir o porque subsiste el temor de que las FARC se hagan más fuertes a partir del poder político oficial que desde ahora tendrá, apruebo la firma de la paz con el ‘balígrafo’ (bolígrafo hecho con una bala) y aplaudo al presidente Juan Manuel Santos y al pueblo cafetero por su consecuencia, por su apertura al perdón como punto primordial para iniciar este nuevo camino.

Años atrás pude conocer Cartagena, que me enamoró y no sólo por la cordialidad y alegría de sus gentes o esa atmósfera de sosiego que a cada rincón se percibe en la ciudad amurallada. Hasta cada tanto tengo nostalgias de vino y tenderos bailando en los pisos de madera del Quiebracanto junto a mis amigos de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez. El gran Gabo quien siempre soñó con su tierra hermanada y estará preparando su mejor lluvia de mariposas y flores amarillas para este domingo cuando sus paisanos acudan al plebiscito y, confío, voten por el Sí que ratifique los acuerdos adoptados. Sí a la indulgencia, sí a la esperanza de un nuevo comienzo. Pues, como dijo el periodista Jon Lee Anderson,  hoy, cuando en el mundo hay tanta violencia y guerra, Colombia se convierta en un símbolo de paz, vale celebrarlo.

o.rivasplata@pucp.edu.pe


Escrito por

orivasplata

Trujillano. Comunicador social y escritor. Viajero, soñador de libertades, becario de la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez.


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Letras en desorden

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