la vida no tiene precio

PELOTA ROTA

Publicado: 2016-11-10

Toooc, tooc. El raro bote supera al arquero que queda sorprendido, descolocado, desparramado y desesperado. Y aterriza, suave, mansa. Toc. Como un globo diría un narrador argentino. Una galletita, otro. Tocarla nomás para que la tribuna, muda una milésima ante lo inminente, explote. Zavala, nueve en la espalda y que la hamaca de empeine interno, cojudeces. Y de alma. Con furia y lejos. Hasta tras del muro que separa el reformatorio de la masiva Colonial. Como si allí, dentro de aquel trapo redondo, viajaran todas sus frustraciones contenidas en ese antro de mierda. Sesenta camas y son 195. Se separa un mechón de la frente sudorosa con el antebrazo. Y la comida una mierda. Y mira con rencor a los otros internos que lo abuchean, a las autoridades de corbata y perfume que sólo llegan cuando hay ceremonia pomposa y prensa. A esos milicos que, de negrito como hormiguitas, entornan la cancha mientras bromean sobre ese que está allí y lo capture por burrero o aquel que le metí goma por marca. Ocho inodoros y son 190. Tampoco agua o racionada. Tampoco luz. Y ni en aniversario, carajo. 

Huevón, le dice uno de su equipo palmeándole la espalda. ¡Solito tabas!, mientras el portero recibe la pelota, otra, y reanuda el juego. Lo ignora. ¡Solitoo! Fuera mierda.

Tamare. Por quinientos soles y darle vuelta a uno que no sabía que era hijo de político. Por ser un misio y no conocer a sus padres. Trota, de vuelta. Por no tener donde caerse muerto ni perro que le ladre. Cambio, cambio, en eso escucha al sargento Huamán que hace de DT y lo señala con fastidio a tres metros, sobre la línea blanca. Sal mierda. El, igualito.

Pirrr, en eso.

El árbitro alza el brazo y con gestos de waripolero, lo acaba. Varios se meten y abrazan a los de azul que saltan, ríen y gritan en esa fiesta ajena. Huamán arruga la cara. Los tombos agarran firmes sus metracas. Ora vira, lento, reemprende, él. Y sí, solo. Cabeza gacha, al pabellón aquel. Su casa desde hace 35 días. Por quinientos soles. Solito.

o.rivasplata@pucp.edu.pe


Escrito por

orivasplata

Trujillano. Comunicador social y escritor. Viajero, soñador de libertades, becario de la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez.


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Letras en desorden

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