no está satisfecha

COSITAS QUE PASAN (en la pasión de la pelota)

Publicado: 2017-01-18

Quizá recintos que hormiguean de tanta gente y te ponen nervioso, de repente asaltos de antepasados del viejo oeste, de pronto ser dirigido por jueces con astigmatismo severo o acaso rezagos de un padre milico y temperamental, el fútbol, a muchos, nos desata, caracho. O tiende en estos debuts en base cuatro. A mí, peloterito de taco bajo y media suela como diría mi recordada tía Lolita, antes no me ocurría, debo admitirlo. Aunque también, debo admitirlo, recién me casé tras varias verónicas mejores que las de Manolete, tengo una hija de 14 meses que me adeuda cuatro mil horas de sueño, un varoncito de nueves años con las órdenes al revés y querida esposa a quien sí le pagan por entrenar y jugar (vóley) y nunca está tranquila (te adoro mi vida, eso no se discute).  

Osea, la número cinco me ha devenido en catarsis. Y esa presunta aureola de paz se va para el retrete cuando hay que afrontar el campeonato con el hermano o el torneo de la promoción o un delantero te patea duro porque “llegue tarde a la bola pé causa” o, peor, el árbitro te mira con enojo y te escupe: “ ¡párese nomás ‘compare’ que nada le hicieron! ” luego que otro te metió un codazo en la espalda más doloroso que puñalada hasta hacerte morder la línea de cal y la tribuna hirviendo grite ¡ehhhhh!

Mil disculpas, señor de negro. O amarillo. Le pago la receta médica. Y, le juro, nunca más volverá a pasar. Verdad que sí.

Hasta la próxima.


Escrito por

orivasplata

Trujillano. Comunicador social y escritor. Viajero, soñador de libertades, becario de la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez.


Publicado en

Letras en desorden

Otro sitio más de Lamula.pe