la vida no tiene precio

También hay, y eso alienta, un desborde de solidaridad

QUE NOS GOBIERNEN LOS VOLUNTARIOS

Entre tantos políticos aprovechados y corrupción en la administración pública, hay grupos que nos devuelven la fe en plena tragedia

Publicado: 2017-03-26

Madrugada con el lodo que cubre las rodillas y cala hasta los cabellos por Buenos Aires, entre las humanas manchas de penumbra de El Milagro cuando la luz acaba, empapados de lluvia y sudor en el aglomerado punto de acopio aquella tarde, palmazos de entusiasmo en la villa bombardeada del Rio Seco a la alborada, balde tras balde sobre el taraflex cuarteado del coliseo Gran Chimú, palana y palana en una calle enterrada del centro de la ciudad, están. En Cascas, Virú, Laredo , Ascope, San Pedro, Chiclin o Alto Trujillo. Niños y niñas, jóvenes, adultos y también ancianos, morenos y morenas, rubios y rubias, extranjeros o que más da si ganaran las puertas del cielo sin distingos, son como los gitanos de Macondo. Que todos querían verlos llegar pero no sabían cuando sucedería y, de pronto, entre jirones de polvo, con las manos cargadas y bolsones en la espalda, las expectativas desataban y regalaban sonrisas en el pueblo desamparado.  

Y ganas de abrazarlos pues encarnan la última esperanza concreta en esta región de ocho mil damnificados según reportes oficiales o gobernada por quienes no lo merecen. Con 300 emparedados y 200 botellitas de avena preparada con mis amigos, con bolsones de ropa seleccionada que junte con mi novia, con 400 porciones de aguadito o 15 botellitas de hidratante que me dio mi papá, con la camioneta que mi primo me ha prestado, con el sincero amor por el otro. Es el lado positivo de la tragedia. Esa fe devuelta para, en la honda reflexión que te genera un durísimo golpe, recuperar a Trujillo hasta salvarla de muchos sinverguenzas que, desgraciadamente, la dirigen políticamente y hoy se remangan los pantalones mientras calculan cuanto provecho electoral tendrán y advierten que la foto debe salir muy dramática y la leyenda resaltar su presunto altruismo. Que gobiernen los voluntarios. Esos que, muy por el contrario, sí te dan lo que tienen sin condiciones. Sí, y de esa forma nos levantaremos con más fuerza.

o.rivasplata@pucp.edu.pe


Escrito por

orivasplata

Trujillano. Comunicador social y escritor. Viajero, soñador de libertades, becario de la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez.


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Letras en desorden

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